Cuando se agotan las palabras: ¡Gracias!

"Hermanos, siempre debemos dar gracias a Dios por ustedes, como es justo, porque su fe se acrecienta cada vez más, y en cada uno de ustedes sigue abundando el amor hacia los otros" - (2 Tes 1,3)

Varios miles de personas y un centenar de entidades acaban de decir sí a la obra de la Iglesia. Sí a la construcción de una sociedad más justa y solidaria bajo el mensaje de amor que declara Jesús en su evangelio. Miles de personas han ratificado que la Iglesia es el puente que une a los divididos, a los separados, a los marginados, a los olvidados, en torno al pobre de Nazaret. Muchos han dicho sí al evangelio de Jesús. Muchos han dicho al pobre, al marginado, al olvidado: aquí estoy, yo te acojo, yo te abrazo, yo te reconozco..


"Sí a la construcción de una sociedad más justa y solidaria bajo el mensaje de amor que declara Jesús en su evangelio".

Nuestra Iglesia arquidiocesana, acaba de celebrar su primera Maratón “Porque la fe es acción”, y ha mostrado de forma clara y contundente que los católicos somos muchos y, sobre todo, somos mucho. Somos, o intentamos ser, el rostro misericordioso de Dios que se fija en los que sufren, en los que no cuentan. Nuestra Iglesia de la ciudad de Bogotá, a través de sus iniciativas de defensa y amparo a los más necesitados hace eco a la palabra del papa Francisco, cuando nos dice: “Cuánta gente pasa su vida acumulando, pensando en estar bien en vez de hacer el bien. ¡Pero qué vacía es una vida que persigue necesidades sin mirar a los necesitados!”


La Maratón de la Arquidiócesis de Bogotá reveló el rostro joven, alegre, solidario y comprometido de una iglesia en salida que no se duerme en sus laureles ni se queda en la belleza o comodidad de sus templos, sino que va hacia su gente; hacia los que necesitan y hacia los que quieren y pueden ayudar. La Maratón también fue la forma de poner en acto el llamado del Papa, cuando nos dice: "si no se invierte, se pierde; porque la grandeza de nuestra vida no depende de cuánto acaparamos, sino de cuánto fruto damos".


No me queda nada más que agradecer a tanta gente y a tantas empresas que acudieron a nuestro llamado y entendieron que la fe es acción a favor del prójimo, de ese prójimo que se encuentra postrado en el camino cubierto de heridas y que es mirado con indiferencia -o ignorado- y que espera una mirada amorosa, una mano tendida, un corazón compasivo, una palabra de consuelo.


Cuando no sabemos qué más decir, sólo nos queda una bella palabra plena de sentido: gracias.

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